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En Castel Gandolfo el Papa llama a los gobiernos a la responsabilidad
Roma, 1 de septiembre de 2008 - Benedicto XVI este domingo después de rezar el Ángelus en la residencia de Castel Gandolfo, centró sus palabras en las responsabilidades de los países y gobernantes ante el aumento de las muertes de emigrantes que intentan un futuro mejor en un país extranjero.
"La travesía del Mediterráneo hacia el continente europeo – dijo el Papa - visto como una meta de esperanza para huir de situaciones adversas y con frecuencia insoportables, se transforma en tragedia; la que tuvo lugar hace unos días parece haber superado a las precedentes por el elevado número de víctimas", constató.
Inmigración, desde albores de la historia
El Santo Padre indicó que "la inmigración es un fenómeno presente desde los albores de la historia de la humanidad, que desde siempre ha caracterizado las relaciones entre los pueblos y naciones". Y prosiguió: "Ahora bien el hecho de que en nuestros días se haya convertido en una emergencia nos interpela y, exigiendo nuestra solidaridad, impone al mismo tiempo respuestas políticas eficaces".
Por lo tanto el Santo padre alentó la labor de las instituciones regionales, nacionales e internacionales que se ocupan de la cuestión de la inmigración irregular y les exhortó a seguir "realizando su meritoria labor con sentido de responsabilidad y espíritu humanitario".
Responsabilidad de los países de origen:
"Sentido de responsabilidad también tienen que mostrar los países de origen, no sólo porque se trata de sus conciudadanos, sino también para eliminar las causas de la inmigración irregular, así como para eliminar, en su raíz, todas las formas de criminalidad ligadas", dijo.
Responsabilidad de los países europeos
Benedicto XV recordó como "los países europeos y los que son meta de inmigración están llamados entre otras cosas a desarrollar en común acuerdo iniciativas y estructuras cada vez más adecuadas a las necesidades de los inmigrantes irregulares" y "Estos últimos, deben ser sensibilizados en el valor de la propia vida, que representa un bien único, siempre precioso, que se debe tutelar ante los graves riesgos a los que se exponen al buscar mejorar sus condiciones de vida, y en el deber de legalidad que es una obligación para todos".
El Papa concluyó llamando la "atención de todos sobre este problema y de pedir la generosa colaboración de personas e instituciones para afrontarlo y encontrar caminos de solución".
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